¿Existe un gen que indique que se es buen padre?
- CCBIO

- hace 11 horas
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Los machos no suelen ser conocidos como los cuidadores de su especie. Se estima que menos del 5 % de los padres crían a sus propias crías, y muchos de los que no participan en la crianza son abiertamente hostiles hacia ellas. En los animales que sí participan en el cuidado de sus crías, también suele haber una amplia gama de comportamientos: algunos machos exhiben excelentes cualidades parentales y otros muestran tendencias mucho peores, como la negligencia o el maltrato. Ahora, los científicos han descubierto una especie de interruptor molecular que podría ayudar a explicar esta amplia variación en el comportamiento paterno. Los hallazgos se han publicado en Nature.

En este estudio, los investigadores evaluaron un roedor llamado ratón rayado africano; los machos de esta especie muestran una variedad de hábitos de crianza y estilos de paternidad; algunos cuidan activamente a sus crías acurrucándolas o acicalándolas; mientras que otros ignoran o incluso atacan a sus crías.
Investigadores estudiaron ratones machos rayados criados en diferentes entornos, con y sin crías, y evaluaron su actividad neuronal. Se observó que las neuronas de una zona del cerebro denominada área preóptica medial (APM) presentaban una actividad mucho mayor cuando los machos adultos estaban expuestos a una cría.
Sin embargo, existían diferencias en esta actividad neuronal. Por lo tanto, se comparó la actividad cerebral en el MPOA de machos hostiles o negligentes con la de machos cariñosos. Se observó que los machos cariñosos presentaban mayor actividad neuronal en el MPOA que los padres abusivos.
También se han observado cambios en el MPOA en madres roedoras, por lo que esta reorganización neuronal tras la exposición a las crías puede producirse tanto en machos como en hembras.“Pero en el caso de estos hombres, no es el embarazo ni la paternidad lo que transforma sus cerebros. Los solteros pueden ser tan capaces de cuidar como los padres con experiencia”, señaló Forrest Rogers, investigador postdoctoral en los laboratorios de la profesora adjunta Catherine Peña y del profesor asociado Ricardo Mallarino en la Universidad de Princeton.
Los niveles de actividad de un gen llamado Agouti también eran más bajos en los machos que eran más afectuosos. “La agutí es más conocida por su papel en la pigmentación de la piel y el metabolismo, por lo que descubrir esta función previamente desconocida en el cerebro relacionada con el comportamiento parental fue emocionante”, señaló Rogers.
También se observó que las condiciones ambientales influyen en los niveles de Agouti en el MPOA, lo cual se reflejó en las tendencias de comportamiento de los machos. Los machos jóvenes solitarios presentaban niveles bajos de Agouti y eran más propensos a ser adultos protectores. En cambio, los machos jóvenes que vivían en grupos tendían a tener niveles más altos de Agouti y a pasar menos tiempo con las crías. La actividad neuronal en el MPOA parecía verse reducida por la presencia de Agouti.
Cuando se modificaron los niveles de Agouti para aumentarlos, los machos que volvieron a encontrarse con cachorros mostraron menos interés en ellos que antes del tratamiento; algunos incluso se volvieron agresivos. La actividad de Agouti parece desactivar los comportamientos de cuidado parental.
Cuando los machos que vivían en comunidad fueron trasladados a una vida solitaria, los niveles de Agouti disminuyeron y los machos mostraron interés en cuidar de las crías.
“Nuestros hallazgos apuntan a Agouti como un posible mecanismo evolutivo que permite a los animales integrar información ambiental, como la competencia social o la densidad de población, y ajustar el equilibrio entre la autopreservación y la inversión en la descendencia”, sugirió Mallarino.
Se necesitarán más investigaciones para determinar cuántos de estos hallazgos se reflejan en las personas. Sin embargo, este es un ejemplo del impacto significativo que la actividad genética puede tener en el comportamiento. También subraya la importancia de considerar la ética al determinar si se debe identificar o utilizar un biomarcador de rasgos de negligencia.
“La crianza de los hijos es una tarea compleja. No sugerimos que se pueda tomar una pastilla para ser mejor padre o madre, ni que las dificultades en la crianza reflejen alguna deficiencia molecular”, dijo Peña.
Tomado de: Princeton University
Fuente: Nature
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